miércoles, 26 de agosto de 2015
"Day four", by Sarah Lotz. Que no me busquen en un crucero.
Siempre he sentido curiosidad por saber dónde le ve la gracia la gente a los cruceros. Ir con un montón de gente en un barco (grande, pero no deja de ser un barco), atracar en un puerto, salir disparado a visitar la ciudad de rigor, y volver pitando para llegar a tiempo de volver al barco no sea cosa que se vaya y me deje tirado y sobre todo me pierda la cena de gala con el capitán, pues como que no me motiva mucho. Este crucerito, además, tiene la particularidad de que en él viaja una vidente famosísima, y, junto a ella, un numeroso grupo de acólitos que la siguien protoquier allá donde va.
La cosa empieza a complicarse cuando, parece ser, que los motores se han estropeado, el barco va a la deriva, y una pasajera ha sido (parece ser) asesinada. Y, si esto fuera malo, lo peor es cuando se estropean los baños y no se pueden utilizar. Lo de hacer pis, bueno, siempre está la borda del barco, pero lo de hacer caca (o número dos, como dicen ellos...) Pues en unas bolsitas rojas que la tripulación reparte al efecto. Pero claro, primero las bolsitas muy bien, pero luego aquello empieza a llenarse de porquería... Para postres, la vidente no es tan farsante como parece...
Está entretenido, pero, para mi gusto, tiene demasiados toques sobrenaturales. Así que, puntúa con tres estrellas.
"Número cero", de Umberto Eco. Si es que cuando la expectativa es tan alta...
Umberto Eco ha dado en escribir el que, según mi humilde (qué narices, mi excelente) criterio es el mejor libro de la historia de la literatura: "El nombre de la rosa". Y, si encima, luego hacen una peli y sale tan fenomenal, pues miel sobre hojuelas.
Si yo fuera Umberto (no confundir con Humberto, que el único que se me viene a la mente es el papá de Jesulín, también conocido como "zapato veloz"), fuera catedrático de semiótica, y hubiera escrito ese libro, pues no te digo que no escribiría nada más, porque quién te va a decir a ti que no le sale otra obra maestra. Pero, claro, hay que pensárselo.
Yo de este hombre he leído más cosas (lo del pendulito, lo de la isla...) y el único que me ha gustado de verdad es "Baudolino" (sin llegar al nivel de su obra maestra). Pues en este estamos otra vez en una especie de quiero y no puedo.
Trata la historia de un periodista que es contratado en un peculiar periódico, que se dedica a tratar noticias antiguas... como si fueran recientes. Lo siento, pero no pude terminarlo. Así que puntuará con una foto del otro Humberto, el de la hache.
Por último, autofelicitarme a mí y a todos los valencianistas por nuestro retorno a la Liga de Campeones, competición en la que deberíamos participar todos los años por ministerio de la Ley, y de la que hemos estado ausentes por culpa de los árbitros (y de la que casi volvemos a estar ausentes por culpa del árbitro de ayer, por cierto).
lunes, 17 de agosto de 2015
"Sueño ligero", de Jessica Treadway. A dormir se ha dicho.
¿Eres de los que te cuesta dormir? ¿Tienes problemas para conciliar el sueño en las noches caniculares? ¿Te toca cada dos por tres irte a dormir al sofá porque yace a tu vera un búfalo de las montañas de los Apalaches? Pues este es tu libro. Y me diréis, ¿con el argumento tan estupendo que tiene, cómo dices eso? Pues lo digo. Y es verdad que el argumento es interesante: la noche del día de Acción de Gracias, la familia Schutt es atacada en su dormitorio. Consecuencia de la hectárea de ostias que se reparten, el "pater familia" Joe resulta mortimer, y Hannah, la madre, desfigurada y herida grave.
Las sospechas recaen inmediatamente en la figura de Rudd Petty, novio de Dawn, la hija menor. ¿Por qué? Pues porque lo habían acusado de robar en casa la víspera. Y porque él está buenorro de la muerte y Dawn es más fea que Joe Riggoli. Así que, claro, cómo es posible que un adonis como éste esté con una feotona como ella. Pues por el dinero (que él cree que tiene, porque ella se ha empeñado en decir que su familia se apellida Botín, pero que eso traducido al inglés es Schutt).
La novela se pierde en recordatorios de la época en que la feotona Dawn era pequeña, en que tenía un ojo vago, que estaba un poquito p'allá, y que en el colegio la puteaban. Pero, de investigación de la buena para saber quién cometió el asalto, nada de nada.
Para los que hayáis comprado el libro, no desvelaré el final. Pero quedáis advertidos: no le pongo ni nota. Una foto de Rígoli es aviso suficiente.
"El asesinato de Pitágoras", de Marcos Chicot.
Decepción. Eso es lo que me he llevado al leer (hasta la mitad) "El asesinato de Pitágoras". Y el caso es que tenía bastantes ganas de leerlo. Primero, porque todo el mundo lo pintaba muy bien (que si thriller absorbente, suspense hasta la última página, emoción "trepitante"...). Y segundo, porque, en una entrevista, el autor confesó que había escrito el libro para dejarle un capitalito a su hija, con síndrome de Down. Así que me puse con él, y, la verdad, no me ha gustado nada.
La historia comienza con Pitágoras, (el del triangulito, el teorema, los catetos y la hipotenusa), que tiene una academia de gente listísima que gobierna Atenas (vamos, los antecesores de "Chiripa", Tsipras y Varoufakis). Pero, claro, tan listos son, que generan envidias allá dónde van. La cuestión es que, dentro de estos de la academia, Pitágoras tiene a 6 que son más listísimos que los demás, y de entre los cuáles Pitágoras va a elegir a su sucesor. Y alguien malo, malísimo, se dedica a matar, uno por uno, a los distintos candidatos. De la investigación se ocupan un policía egipcio, Akenón, y la bella Ariadna, hija de Pitágoras. La hija de Pitágoras es listísima y guapa p'aburrir, y Akenón también es más guapo que un San Luis, y juntos se proponen averiguar la identidad del asesino. Y no sé si lo logran o no, porque no he podido terminarla. Así que no pasa de un mísero 3. La historia del autor es bastante curiosa. Tiene una hija con síndrome de Down, y escribió la novela para, con los derechos, asegurar su futuro. De verdad espero que lo consiga (creo que ha vendido los derechos para el cine incluso). También es interesante escuchar un par de entrevistas que le hicieron para entender los problemas que tuvo para que se la publicaran. En cualquier caso, como digo, a mí no me ha hecho tilín.
sábado, 18 de julio de 2015
"The girl on the train", by Paula Hawkins
Desde que Gyllian Flynn publicó su memorable "Perdida", se ha puesto de moda esto de escribir libros de este estilo, en los que una pareja joven, aparentemente normal, guarda toda clase de oscuros secretos. En este caso, son tres contra dos. Tres chicas: Rachel, Megan y Anna, y dos chicos, Scott y Tom. Rachel es una chica que, por circunstancias de la vida, ha venido a peor fortuna, ahogando sus penas en el alcohol (del barato, Don Simón, Apocalipsis, o similar). Cuando va todos los días en el tren, ve desde la ventanilla el patio trasero (lo que los cursis llaman porche) de una casa, en la que, acaramelados, desayunan Scott y Megan. Y se imagina lo feliz que debe ser su vida, que Megan es una chica muy guay, y Scott un encanto, que será médico o algo así... Un día, la muy cotilla, mirando donde no le llaman, ve lo que no debería ver... y la lía. Pero mucho. Muy liada. ¿Por qué? Porque se mete donde no le llaman, principalmente. Porque tampoco tiene muy claro lo que ha visto, y además, lo que dice que ha visto como que no tiene mucho sentido. Y porque la chica está más p'allà que p'acà, así que nadie le hace como demasiado caso.
Tiene muchas cosas a favor este libro. La trama es muy interesante, y los personajes están muy bien construidos (ahora parezco Sánchez Dragó). Las tres chicas están como una cafetera, las tres, cada una en su estilo, y los dos chicos pues son tan simples como deben ser los chicos que se precien... La gracia está en descubrir qué ha pasado, por qué, y quién es el/la culpable/a. Y, tengo que decir que, en este caso, no es especialmente difícil. Creo que es inmerecido el revuelo y la expectación que ha causado el libro, porque desde luego no es una obra ma estra, pero es muy recomendable de leer en estas tardes caniculares. La daremos, como diría Lopera, "güena" nota.
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