lunes, 17 de agosto de 2015

"El asesinato de Pitágoras", de Marcos Chicot.

Decepción. Eso es lo que me he llevado al leer (hasta la mitad) "El asesinato de Pitágoras". Y el caso es que tenía bastantes ganas de leerlo.
Primero, porque todo el mundo lo pintaba muy bien (que si thriller absorbente, suspense hasta la última página, emoción "trepitante"...). Y segundo, porque, en una entrevista, el autor confesó que había escrito el libro para dejarle un capitalito a su hija, con síndrome de Down. Así que me puse con él, y, la verdad, no me ha gustado nada. La historia comienza con Pitágoras, (el del triangulito, el teorema, los catetos y la hipotenusa), que tiene una academia de gente listísima que gobierna Atenas (vamos, los antecesores de "Chiripa", Tsipras y Varoufakis). Pero, claro, tan listos son, que generan envidias allá dónde van. La cuestión es que, dentro de estos de la academia, Pitágoras tiene a 6 que son más listísimos que los demás, y de entre los cuáles Pitágoras va a elegir a su sucesor. Y alguien malo, malísimo, se dedica a matar, uno por uno, a los distintos candidatos. De la investigación se ocupan un policía egipcio, Akenón, y la bella Ariadna, hija de Pitágoras. La hija de Pitágoras es listísima y guapa p'aburrir, y Akenón también es más guapo que un San Luis, y juntos se proponen averiguar la identidad del asesino. Y no sé si lo logran o no, porque no he podido terminarla. Así que no pasa de un mísero 3.
La historia del autor es bastante curiosa. Tiene una hija con síndrome de Down, y escribió la novela para, con los derechos, asegurar su futuro. De verdad espero que lo consiga (creo que ha vendido los derechos para el cine incluso). También es interesante escuchar un par de entrevistas que le hicieron para entender los problemas que tuvo para que se la publicaran. En cualquier caso, como digo, a mí no me ha hecho tilín.

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