miércoles, 26 de agosto de 2015
"Day four", by Sarah Lotz. Que no me busquen en un crucero.
Siempre he sentido curiosidad por saber dónde le ve la gracia la gente a los cruceros. Ir con un montón de gente en un barco (grande, pero no deja de ser un barco), atracar en un puerto, salir disparado a visitar la ciudad de rigor, y volver pitando para llegar a tiempo de volver al barco no sea cosa que se vaya y me deje tirado y sobre todo me pierda la cena de gala con el capitán, pues como que no me motiva mucho. Este crucerito, además, tiene la particularidad de que en él viaja una vidente famosísima, y, junto a ella, un numeroso grupo de acólitos que la siguien protoquier allá donde va.
La cosa empieza a complicarse cuando, parece ser, que los motores se han estropeado, el barco va a la deriva, y una pasajera ha sido (parece ser) asesinada. Y, si esto fuera malo, lo peor es cuando se estropean los baños y no se pueden utilizar. Lo de hacer pis, bueno, siempre está la borda del barco, pero lo de hacer caca (o número dos, como dicen ellos...) Pues en unas bolsitas rojas que la tripulación reparte al efecto. Pero claro, primero las bolsitas muy bien, pero luego aquello empieza a llenarse de porquería... Para postres, la vidente no es tan farsante como parece...
Está entretenido, pero, para mi gusto, tiene demasiados toques sobrenaturales. Así que, puntúa con tres estrellas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario